Mitologia Griega – Hercules – Facundo Rodriguez Renna

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12 trabajos de Hércules

Se trata del más célebre de los héroes griegos, el paradigma de la virilidad y el adalid del orden olímpico contra los monstruos ctónicos. Su extraordinaria fuerza es el principal de sus atributos, pero también lo son el coraje, el orgullo, cierto candor y un formidable vigor sexual. ​Se le considera el ancestro de los Reyes de Esparta (de este modo estos caudillos dorios se legitimaban como aqueos) y la influencia de esta polis en la Grecia Arcaica y Clásica fue una de las razones de la difusión de su leyenda y su culto, haciendo de Heracles el héroe dorio por excelencia.

Hércules, hijo de Zeus y salvador de la humanidad, cometió uno de los crímenes más terribles que se pueda imaginar a causa de un ataque temporal de locura. Con la intención de expiar su culpa por las muertes en su familia, Hércules debe realizar doce trabajos imposibles que lo enfrentarán a monstruos invencibles y a fuerzas inconmensurables.

Consumido por el dolor, Hércules consultó el oráculo de Delfos, tras lo cual supo que para expiar su culpa debía acudir a su primo, el rey Euristeo de Tirinto, favorito de Hera. Euristeo decidió humillar a Hércules con diez trabajos imposibles que lo enfrentarían a monstruos invencibles y fuerzas inconmensurables. Pero, en realidad, el rey preparó el escenario de una serie de aventuras que se conocerían con el nombre de “los trabajos de Hércules”.

El primer trabajo fue matar al león de Nemea, que secuestraba mujeres y devoraba guerreros. Tenía un pelaje dorado invulnerable a las flechas, pero Hércules arrinconó al león en su oscura cueva, lo golpeó con un garrote y lo estranguló con sus propias manos. Sin disponer de ningún instrumento filoso para quitarle la piel, la diosa Atenea le sugirió usar una de sus garras. Hércules regresó a Tirinto cubierto con la piel del león, causándole tal susto al rey Euristeo que debió ocultarse en una vasija de vino. Desde entonces, Hércules recibió la orden de presentar sus trofeos a una distancia prudencial.

El segundo desafío fue la hidra de Lerna, una enorme serpiente de varias cabezas. Hércules luchó ferozmente contra ella, pero cada vez que cortaba una cabeza, otras dos crecían en su lugar. La batalla parecía perdida, hasta que su sobrino Yolao le sugirió cauterizar los cuellos con fuego para impedir que las cabezas volvieran a crecer. Los restos de la serpiente se transformaron en la constelación Hidra.

En vez de matar a una bestia, la tercer tarea consistió en capturarla con vida. La cierva de Cerinea era un animal tan rápido que podía superar la velocidad de una flecha. Hércules estuvo tras ella durante un año, y finalmente la atrapó en las tierras de Hiperbórea, en el norte. Pero la cierva era el animal sagrado de Artemisa, diosa de la caza, por lo que Hércules prometió regresársela. Cuando Euristeo vio la cierva, ordenó que se la entregase, pero en cuanto Hércules la soltó, el animal huyó para unirse a su ama. De este modo, Hércules cumplió con su tarea sin romper su promesa.

La cuarta misión fue capturar al jabalí de Erimanto, que había asolado varios campos. Siguiendo el consejo del sabio centauro Quirón, Hércules lo atrapó al acorralarlo en una zona cubierta de nieve.

En el quinto trabajo, no había animales, sino excremento. Los establos donde el rey Augías criaba sus cientos de animales divinos  no habían sido limpiados en años. Hércules prometió asearlos en un día a condición de quedarse con la décima parte del ganado. Augías estaba seguro de que el héroe fracasaría. Pero Hércules cavó enormes zanjas, desvió el curso de dos ríos cercanos y los hizo fluir por los establos hasta dejarlos completamente limpios.

En el sexto trabajo, tuvo que enfrentarse a terribles bestias, que debían ser destruidas con inteligentes estrategias.

Las aves carnívoras del Estínfalo anidaban en un pantano impenetrable Por suerte, el héroe tenía el favor de alguno de los dioses del Olimpo, contrariados por el ensañamiento que Hera mantenía con el hijo de Zeus. Quiso la poderosa Atenea asistirle en aquel trance y le proporcionó un enorme cimbel de bronce, animándole a subir a lo alto de una cercana colina, donde el héroe hizo sonar el instrumento con tal fuerza, que pareció que el cielo se desmoronaba sobre las aves. Hércules lanzó una estruendosa carcajada al comprobar que la bandada de aves se desgarraba como una tela agitada por manos invisibles, como si el mismísimo Eolo quisiera expulsarlas de su reino agitando los vientos. Las infectas criaturas huían despavoridas por aquel ruido inesperado, como palomas ante la presencia de un halcón, pues su naturaleza era asustadiza. Se alejaron del lugar emitiendo terribles graznidos, al compás de sus alas descontroladas, llevando el terror a otros lugares. No sería la última vez que se sabría de ellas, pues algunas se refugiaron en la isla de Ares, en el Mar Negro, donde más tarde las encontrarían los argonautas.

Septimo  trabajo: Toro de Creta: Euristeo envió después a Heracles a Creta, donde un toro estaba devastando la isla. Este animal debía ser sacrificado en honor de Poseidón bajo el auspicio del rey Minos, que no tenía valor para hacerlo. Su esposa, Pasifae, se había enamorado del toro y había hecho el amor con él, tras lo cual quedó embarazada del Minotauro. Heracles atrapó al toro y lo llevó vivo a Micenas y Tiryns para liberarlo posteriormente. El toro entonces sembró el terror cerca de Maratón, en las afueras de Atenas, donde finalmente lo mató Teseo.

Octavo trabajo; El loco rey Diomedes, que había adiestrado a sus yeguas para devorar a sus huéspedes, probó de su propia medicina cuando Hércules lo arrojó a sus establos. Tal festín calmó a las bestias, y Hércules las pudo amordazar.

El noveno desafío era enfrentar a alguien más peligroso que cualquier bestia: Hipólita, la reina de las amazonas. Hércules debía tomar el cinturón que Hipólita recibió de su padre Ares, el dios de la guerra. Navegó hasta la tierra de las amazonas, Temiscira, preparado para la batalla, pero la reina quedó tan impresionada con el héroe y sus hazañas que le entregó el cinturón voluntariamente.

El décimo trabajo, Hércules debía robar el mágico ganado rojo de Gerión, un gigante con tres cabezas y tres cuerpos. De camino, Hércules estaba tan contrariado por el calor del desierto de Libia, que arrojó una flecha al Sol. Helios, el dios del sol, admiraba la fortaleza del héroe y le prestó su carro para viajar a la isla de Eriteia. Allí, Hércules abatió al pastor de Gerión y a su perro de dos cabezas, para luego matar al gigante.

Ese debió haber sido el último desafío. Pero Euristeo anunció que dos de sus trabajos no contaban: la Hidra, porque había recibido la ayuda de Yolao para eliminarlo, y los establos, porque había recibido una paga. De esta manera, el héroe debió realizar el trabajo número once: conseguir las manzanas de oro de las ninfas del jardín de las Hespérides.

Hércules comenzó por atrapar al “viejo del mar”, deidad acuática que cambiaba de forma, a quien liberó cuando le indicó el lugar. Una vez allí, el héroe se encontró con el titán Atlas, que cargaba el cielo en sus hombros. Hércules le ofreció ocupar su lugar si Atlas conseguía las manzanas. Atlas accedió de buen grado, pero Hércules lo engañó devolviéndole la carga, y escapó con las manzanas en su poder.

El trabajo número doce, y último desafío, era capturar a Cerbero, el perro de tres cabezas que vigilaba el inframundo. Con la ayuda de Hermes y Atenea, Hércules descendió y se encontró con el mismísimo Hades. El dios de los muertos accedió a que Hércules se llevara el animal si no usaba armas, y así lo hizo, tomando las tres cabezas al mismo tiempo. Cuando Hércules le presentó el perro a Euristeo, el rey quedó estupefacto, y declaró finalmente que el servicio del héroe estaba cumplido.

Luego de 12 años de duro trabajo, Hércules logró redimir las trágicas muertes en su familia y se ganó un lugar en el panteón de los dioses. Pero su triunfo tuvo una importancia aún mayor. Al vencer a las caóticas y monstruosas fuerzas del mundo, el héroe acabó con los resabios del orden primigenio de los titanes, abriendo el camino para que la humanidad pudiera desarrollarse. A través de sus trabajos, Hércules doblegó los males del mundo al expiar los suyos propios.